Lilly siempre vuelve al viejo parque donde los niños pequeños son grandes y fuertes caballeros que matan dragones para rescatar bellas princesas y ganan guerras o encuentran tesoros ocultos.
Todas las tardes, día tras día, está allí, escuchando a los niños gritar alegres y entusiasmados, o viendo a las jóvenes parejas pasear su amor, a las mujeres embarazadas con sus maridos o novios, o llevando a los niños a jugar, o a los ancianos contemplando con sus ojos experimentados a las nuevas generaciones.
Todas las tardes reflexionando en el columpio, con 13 años, sin balancearse.
Todas las tardes preguntándose si ella llegará en algún momento a cualquiera de esas fases, a ser rescatada por un valiente caballero, o sentarse en uno de esos bancos que se les va la pintura ha decir que su vida ha sido plena y a contemplar como brota, cada día una vida nueva, o ser una de esos alguienes que parecen tan felices sólo mirando a la persona de al lado.
Se pregunta si algún día llegará a encontrar a alguien que realmente quiera estar a su lado.



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